La Voz de Santa Teresa

Entrevista del Periodista  (D. José Manuel Vidal) D. Antonio González, carmelita , y Secretario general para el V Centenario del Nacimiento de la Santa Teresa de Jesús.
 "Santa Teresa reclamó un espacio para la Mujer en la Iglesia"

(José Manuel Vidal).- Antonio González  ha sido misionero en Goma, en la República del Congo, en la época dura de los refugiados que procedían de Ruanda. Es experto en pastoral juvenil y en ecumenismo, dirige grupos de oración... y recientemente ha sido nombrado secretario general del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa.

¿Qué vais a hacer por el V Centenario de Santa Teresa?

Todo el proyecto lo hemos dado forma en un libro que acabamos de publicar. En él se recogen todas las líneas de acción y de realización del Centenario. Teresa de Jesús es una santa que abrió caminos para la mujer, para la vida religiosa, para la Iglesia de su tiempo...  Y creemos que ahora tiene mucho que decir. Por su personalidad, su humanismo, su psicología, su espiritualidad. Por eso pensamos que este Centenario es una oportunidad para acercarla al mundo. Para que pueda seguir diciendo su mensaje.

¿Se podría decir que es una santa patrimonio de la humanidad?

Sí. Es una de las figuras del siglo de oro español, que contribuyó a forjar la lengua castellana. Ciertamente es una mujer universal.
Y hablando de otro tipo de patrimonio, hay un convento que se construyó en el solar de la casa.

¿Tenéis previstas algunas exposiciones?

Sí. Santa Teresa es una figura muy interesante como escritora y como inspiradora de artistas.  Estamos tratando la cuestión de hacer una exposición de sus manuscritos en la Biblioteca Nacional. Quisiéramos llegar a hacer una exposición en el Museo del Prado, porque hay una gran obra pictórica y escultórica sobre Santa Teresa. Da para ello, para hacer una exposición del tipo "Las Edades del Hombre". Son cosas que, de momento, estamos proyectando. Son todavía posibles cauces.

 ¿Cuesta mucho dinero organizar algo así?

Sí, cuesta mucho. Pero yo creo que estas cosas terminan reportando también mucho dinero, como la Jornada Mundial de la Juventud. El Museo del Prado colaboró con una exposición de la JMJ, y creo que batió el récord de asistencia. Así que estas cosas por un lado precisan una inversión, pero también generan unos beneficios. Y no solamente a nivel económico, sino de difusión de la cultura, y de lo que ello conlleva. Todo se alimenta mutuamente.

¿Se conservan todavía muchos manuscritos?

Sí, los de las principales obras se conservan todos. La mayoría de ellos está en la biblioteca de El Escorial, porque Felipe II quiso recogerlos allí. Los que faltan son de cartas u obras menores que se dispersaron por muy diversos lugares. Habría que recogerlos, catalogarlos, restaurarlos... También queremos hacer exposiciones itinerantes de tipo audiovisual que puedan acercar la figura de Santa Teresa a las gentes.

¿En cuanto a la promoción de la mujer, qué intentáis hacer?

Bueno, el Carmelo teresiano que ella fundó tiene por todo el mundo una labor social, también de promoción de la mujer. Queremos que el Centenario sea también un apoyo y un impulso a esta labor social. Teresa fue una abanderada de la promoción de la mujer en esa época, en pleno siglo XVI español, en el que la mujer prácticamente quedaba recluida en su casa o en un convento. Entonces, Santa Teresa reclamó para la mujer un espacio en la Iglesia, y creyó en lo que podían aportar a la sociedad. Sus escritos son una prueba de ello.

¿Lo consiguió?

Yo tengo entendido que Fray Luis de León, que es el que preparó la primera edición de las obras de Santa Teresa, después de encontrarse con ella "en sus hijas", como dice él; le dijo a su editor que no volviera a publicar "La perfecta casada", que era una obra en la que se expresaba esa mentalidad misógina de su tiempo.

¿O sea que santa Teresa convenció a Fray Luis de León?

Parece que sí. Y, de hecho, varias de las carmelitas descalzas van a ser mujeres de una proyección importante, como la beata Ana de San Bartolomé. Teresa creó ese espacio de vida contemplativa apostólica y ampliada. Con más proyección en la Iglesia.

Pero, a pesar de todo, ¿no sigue siendo una asignatura pendiente en nuestra Iglesia la "plena ciudadanía" de la mujer?

Siempre hay temas que tenemos que seguir trabajando y reflexionando. Hay prejuicios dentro y fuera, por lo que tenemos que estar en continua conversión.

En cuanto al ámbito científico, ¿qué vais a hacer por el V Centenario?

Vamos a profundizar en el mensaje de Santa Teresa, que sigue siendo actual, que sigue teniendo mucho que decir. Ya se están celebrando congresos cada año, centrados en cada una de las grandes obras teresianas ("El libro de la vida", "Camino de perfección"...). Vamos a seguir con eso, y queremos hacer también un congreso sobre mística y oración. Estamos pensando posibilidades.

¿Todos esos congresos los haríais en vuestra universidad de Ávila?

No necesariamente. El Centro Internacional Teresiano Sanjuanista está siendo el gran promotor de los congresos hasta ahora, pero también queremos celebrar congresos en Asia y en África. Porque aunque la sede natural del centenario es Ávila, y aunque España es el lugar donde más peso tiene la figura de Santa Teresa; ya hemos dicho que es una figura de alcance mundial.

¿Hay algún otro país del mundo donde sea especialmente venerada la santa de Ávila?

En Latinoamérica, quizá. En Extremo Oriente todavía no es demasiado conocida, pero ahí hay un potencial. La espiritualidad oriental puede tener un cauce fecundo de encuentro y de diálogo con la mística cristiana.

¿Vuestra congregación está extendida por todo el mundo?

Sí, por los cinco continentes. Y a lo que estamos llamados es a irradiar el carisma de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz.

¿Luchó también Santa Teresa por lo social?

Bueno, hay que comprender que en el siglo XVI la espiritualidad no estaba proyectada hacia ese ámbito. Por eso la obra teresiana, siendo sinceros, no brilla especialmente en el ámbito social. Sin embargo, sí que aparece la comprensión cristiana del amor al prójimo como expresión del amor a Dios. Lo dice muy claro: el progreso del camino espiritual se ve en la capacidad de darse al otro y de entregar la vida por el otro; lo cual es la esencia de todo proyecto social cristiano. Y yo creo que de todo proyecto social auténtico. Además, el Carmelo teresiano que ella fundó sí tuvo esa proyección social, junto a la labor religiosa. Es otra vía de trabajo que queremos impulsar desde el cauce privilegiado del Centenario.

¿Habéis invitado a Su Santidad?

Efectivamente. Junto con la diócesis de Ávila (que está, obviamente, muy implicada con este Centenario), la Conferencia Episcopal también está interesada en ello. Hemos invitado al Papa Benedicto XVI a que visite España con ocasión del Centenario.

¿Sería en el año 2015?

Efectivamente. Todavía no tenemos ninguna respuesta, porque estas cosas piden su tiempo. Nosotros tenemos esperanzas.

Santa Teresa era una de las santas favoritas de Juan Pablo II. ¿Piensa que para Benedicto XVI también?

Para Juan Pablo II era claro, porque además hizo su tesis doctoral sobre la fe de San Juan de la Cruz, en su visita a España pasó por Segovia, Ávila y Alba de Tormes... Benedicto XVI, quizá no de una manera tan personal y tan específica, pero también admira a la santa. Tal vez es más agustiniano, pero al final hay una conexión, porque Santa Teresa se inspira mucho en San Agustín.

También se ha pedido a la Santa Sede la declaración de un Año Jubilar Teresiano, para el 2015.
¿En qué consistiría eso?

Es un año especial, en el que se consigue alguna indulgencia plenaria con la visita a determinados lugares. Este año, por ejemplo, se ha concedido el Año Jubilar con la ocasión del 400º aniversario de la fundación del Monasterio de San José. Entonces, la vista a ese monasterio, unida siempre a la confesión, a la comunión y a la oración, sirve para conseguir la indulgencia plenaria. Es un vehículo para orientar la mirada hacia la experiencia de Santa Teresa. Porque lo que Santa Teresa puede querer de este Centenario es que, a través de ella, nos acerquemos a Dios.

¿Las experiencias místicas, como intentos de llegar a Dios, vuelven a estar de moda?

Sí, es lo que decía Rahner: que el cristiano del siglo XXI tiene que ser un místico. Yo creo que la religiosidad hasta cierto punto sociológica, o apoyada en la sociología, en una sociedad oficialmente cristiana, ya no existe. La opción cristiana ahora arranca de una experiencia.

¿La personalización de la fe?

Efectivamente. El Dios cercano, que es lo que Santa Teresa dice. Sus escritos son una invitación a que nosotros hagamos esa experiencia.

¿Esa experiencia es posible realizarla con grupos de jóvenes, por ejemplo?

Estamos en ello, intentando hacer experiencias de oración, de misterio de Dios, experiencias vitales. Esto requiere una pedagogía que hay que renovar, porque los jóvenes de hoy no son los jóvenes de hace 10 o 15 años. La cultura cambia, y cambia la forma de estructurar el mismo pensamiento.

¿Es decir, que el camino para enganchar hoy de nuevo a los jóvenes es más el testimonio que la doctrina o el catecismo?

Yo creo que todo hace falta. La doctrina no se entiende como conocimiento teórico, sino como una señalización de por dónde va el camino. Y eso conlleva un compromiso de vida, una ética. En este momento corremos el riesgo de que la gente acumule experiencias como algo turístico, cuando de lo que se trata es de hacer un camino auténtico. Todo es necesario: formación, criterios, compromiso, experiencia oral... Y sobre todo sentido de encuentro personal, de no conocer a Dios de oídas, sino experimentar el contacto con él. Creo que esto es lo que a los jóvenes les puede mover más.

¿Cómo vais a conseguir los fondos necesarios para montar todas estas cosas? ¿Las autoridades civiles están interesadas en la cuestión? ¿Hay empresas que lo respalden?

Estamos empezando en la tarea. La economía debería estar al servicio de la vida, esa es la acertada comprensión. Entonces, el destinar fondos desde el ámbito de la cultura, desde instituciones públicas, desde el mecenazgo de empresas o fundaciones... tiene un sentido, y por eso puede funcionar. Creo que los presupuestos redundan en beneficios para las propias instituciones colaboradoras.

Me imagino que toda la Iglesia estará volcada en este acontecimiento.

Sí. En primer lugar la orden del Carmen, de los carmelitas descalzos. Cada monasterio y cada convento ayuda como puede. La Diócesis de Ávila, por supuesto, y cada vez vamos entrando en contacto con más diócesis de España. Esperamos que la Iglesia española apoye el Centenario de una de sus figuras más interesantes, que es Santa Teresa.

¿Habéis pensado en otra figura, además del Papa, que pueda acercarse a España?

Bueno, estamos preparando el programa, y al igual que irán apareciendo actividades, irán apareciendo figuras a las que invitaremos. Queremos implicar, por supuesto, al superior general de la orden.

¿Cuál sería para ti el mejor resultado del Año Teresiano?

El éxito sería que mucha gente se acercase a la experiencia de Santa Teresa, a su mensaje; y a través de ella a Dios. Los frutos saldrán a medio y largo plazo, no se ven siempre a primera mano, pueden ser iniciativas que van surgiendo en la vida de muchas personas.
Sí quisiera que este Centenario de Santa Teresa de Jesús dejara un legado en la Iglesia que ayude a responder a los retos actuales de evangelización. Habrá muchas actividades, y esperamos que estén bien realizadas; pero sobre todo, creo que el resultado más interesante estará en el corazón de las personas.

¿Sigue llegando al pueblo la Santa de Ávila?
Sí. Precisamente la mística de Santa Teresa tiene que ver con la experiencia de Dios en lo humano, porque Dios está presente hasta en nuestras tareas, cuando las vivimos y las orientamos de forma acertada. La humanidad de Cristo es el centro de la experiencia teresiana. Ese sentir a Dios cercano es lo que la hace tan popular, al menos en España. Y también por la paz de Dios, que no tiene nada que ver con la tranquilidad del que se inhibe de las cosas o el que desconecta, sino con un sentirse arropados y acompañados por un Dios que nos sigue en nuestro humilde camino. Es una paz que tiene que ver con la vida en sinceridad y en apertura ante Dios.

¿Os sentís orgullosos de ser hijos espirituales de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz?

Nos sentimos orgullosos de nuestros padres, ciertamente, pero eso también es una responsabilidad. Es un carisma que tira de nosotros para que lo actualicemos. Santa Teresa dejó por escrito la advertencia de que no se diga de nosotros lo que se dice de muchos otros, de que se quedaron simplemente recordando a sus fundadores. Tenemos que ser cimientos de los que están por venir. Vivir esto hoy para transmitirlo a los que lleguen. Es un estímulo, un acicate para caminar.

¿Qué imágenes te quedaron de tu estancia en Goma?

Estuve allí en los años 90, con los refugiados ruandeses. Recuerdo a los misioneros que les atendían, gente realmente admirable. Y también me marcó la experiencia de la dignidad humana. Eran personas que lo habían perdido todo, pero que seguían luchando por vivir, en medio de ninguna parte. Estaban a pocos kilómetros de su tierra, pero sin poder entrar, obligados a vivir entre miseria. Sin embargo, eran capaces de organizar una escolarización para sus niños, de rescatar su dignidad en pequeños detalles así.
La prueba más grande que yo he visto de la existencia de Dios es la actitud de aquellos misioneros que, después de llevar unos 20 años trabajando en Ruanda, vieron destruido todo en cuestión de días, de una forma horrenda, y en cambio volvieron con la gente a empezar a trabajar de nuevo. Eso es algo sobrehumano. La prueba de que Dios acompaña a la humanidad desde los más pobres.

¿Te ha quedado el "virus de África", que dicen que es lo que hace volver a los que alguna vez hemos estado allí?

Sí, me ha quedado. Porque en definitiva, ese virus es el estar dispuesto a ir a donde haga falta ir. Me encantaría volver a África. Pero mañana estaré donde haga falta.

¿Fue misionera también la santa de Ávila?

Sin duda. Cuando ella fundó los frailes carmelitas descalzos, lo hizo para que acompañaran a las monjas y para que pudieran ir a misiones. Igual que a las monjas les dijo que no estaban ahí sólo para santificarse personalmente, sino para que su oración y su vida entregada a Dios fuera por la Iglesia, por las misiones, y por restablecer la unidad de la Iglesia, en aquel momento en crisis.

¿Hoy en día en los países de misión estáis teniendo la misma cantidad de vocaciones que en los países de la cristiandad de Europa?

En algunos casos, más. Un lugar donde la orden está floreciendo especialmente es la India, y en África y Latinoamérica hay más vocaciones que en Europa, como está ocurriendo de forma general en la Iglesia.

¿Qué esperas del Centenario?

Que sea una ocasión de renovación, para ponernos de nuevo a la escucha de Santa Teresa, de forma que nuestra obra siga como Dios quiere que siga.


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